Reflexión

Pokémon TCG: coleccionar no es lo mismo que jugar

Hay un vídeo que existe en miles de versiones distintas. Un adulto (o un niño, o un adulto con cara de niño) abre un sobre de Pokémon delante de una cámara. Saca las cartas una a una. Hace un sonido cuando sale algo brillante. Pone una cara específica, entre la sorpresa y la satisfacción, que no es exactamente la cara de alguien que acaba de conseguir lo que necesitaba. Es la cara de alguien que acaba de vivir algo. El sobre está vacío. El vídeo tiene cuarenta mil reproducciones.

El coleccionismo de cartas de Pokémon no es una afición: son tres aficiones que comparten caja y se cobran juntas.

Tres lógicas que conviven bajo la misma marca

El JCC Pokémon es, en el mismo empaque, tres cosas completamente distintas. Primero: un juego competitivo con torneos locales, circuito internacional, metagame cambiante y una comunidad de jugadores que construyen mazos con la misma lógica que alguien construye un equipo de fútbol. Segundo: un objeto de colección con cartas ilustradas, rarezas estratificadas, ediciones especiales y un mercado secundario donde algunas cartas valen lo que vale un billete de avión. Tercero: una experiencia de apertura (el ritual, la anticipación, el sonido de las cartas al salir del sobre) que existe con independencia de si las cartas que salen sirven para algo.

El diseño del producto está pensado para dar servicio a las tres cosas a la vez. Y ahí es donde aparece la confusión.

El sobre como producto de tres usos

Sirve al jugador competitivo, al coleccionista y al buscador de experiencias de apertura simultáneamente, sin comprometerse con ninguno de los tres. Eso lo hace universalmente accesible y universalmente frustrante en proporciones iguales. El jugador que necesita dos copias de una carta específica para completar su mazo tiene una probabilidad baja de sacarlas. El coleccionista que lleva meses buscando una ilustración concreta tiene una probabilidad igualmente baja. Y sin embargo los dos siguen comprando sobres, porque el sobre mantiene viva la posibilidad (pequeña, cara, estadísticamente absurda) de que esta vez salga lo que quieres.

El sobre tiene sentido como producto si lo que quieres es la apertura en sí misma (la incertidumbre, la rareza ocasional, el azar gestionado). Si lo que quieres es una carta concreta para jugar o una rareza concreta para coleccionar, el sobre es una forma cara e ineficiente de conseguirlo. El mercado secundario existe para eso. Las cartas sueltas existen para eso. Y aun así hay gente que lleva meses comprando sobres sin conseguir lo que busca, sin entender bien por qué el hobby se siente como un pozo.

La confusión de roles

El jugador competitivo que compra cartas sueltas gasta menos y consigue antes lo que necesita. El coleccionista con criterio que sabe qué rarezas busca y compra en el mercado secundario gasta menos y consigue antes lo que necesita. El buscador de experiencias de apertura que compra sobres con un presupuesto definido y sin expectativa concreta sobre qué va a salir, ese también está bien. Pero tiene que saber que eso es lo que está haciendo.

El patrón que genera frustración es el de quien gasta como si comprara sobres para jugar o coleccionar, y disfruta (o no disfruta) como si comprara la experiencia de apertura. Las tres lógicas son compatibles con el JCC Pokémon. Lo que no es compatible es mezclarlas sin darse cuenta.

Igual me equivoco y hay gente que lo tiene perfectamente claro desde el primer sobre. Pero en cualquier tienda de juegos que he pisado en los últimos años, la conversación sobre Pokémon casi siempre tiene el mismo tono: “He gastado no sé cuánto y no tengo nada”. Esa frase, casi siempre, viene de alguien que no ha elegido todavía en cuál de los tres productos está.